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Entrevista
con Tew Bunnag. T'ai Chi Ch'uan
Tew
Bunnag nació en Bangkok en 1947. Ha practicado boxeo thailandés, boxeo
occidental, karate y tae kwon do además de t'ai chi. Desde finales de los años
70 ha enseñado y formado profesores de T'ai chi ch'uan en USA, Reino Unido,
Francia, España, Suiza y Grecia.
ROSER:
¿Cómo defines el Tai-chi teniendo en cuenta que hay muchas escuelas y muchas líneas
de trabajo en estos momentos?
TEW:
Sí que hay muchas escuelas y muchos estilos, estamos inundados por Tai Chi y Qi
Gong, es un poco como una moda. Tai Chi es algo muy sencillo, es un lenguaje
universal que nació en China. Es un lenguaje de movimientos arquetípicos
dentro del cual hay movimientos que expresan la emoción que nos permite vivir,
por ejemplo, esas energías que llamamos yin y yang que son nada más que círculo
y línea, recibir y dar. Saber esto es un punto clave para integrar nuestro
cuerpo en las situaciones de la vida con el lenguaje del Tai Chi. Cuando hacemos,
recibimos y transmitimos energía quizás podemos vivir con más plenitud porque
estamos viviendo cada situación con el cuerpo como base. El problema en el
mundo, sobre todo en sociedades donde se ha desarrollado mucho lo intelectual es
que hemos perdido el cuerpo. Sobre todo en culturas donde el cuerpo representa
algo sucio, algo escondido, algo alienado y lejos de nosotros mismos. Donde el
espacio por debajo del cuerpo asusta, representa el pecado. El Tai chi sirve
para recuperar la conexión con tu cuerpo y a mí me parece que es esencial, si
vamos a vivir sin violencia, con cariño, mirar el cuerpo de otra manera;
integrar la sensibilidad, el cuerpo en nuestra búsqueda de la bondad, por
ejemplo. Creer en la bondad, en la paz, en salvar el planeta son buenas ideas,
pero sin vivir con nuestro cuerpo, sin que nuestro cuerpo sepa cómo es anidar
sobre la tierra, cómo es sentir las vibraciones que le rodean, la bondad y la
paz quedan como meras ideas. Si pudiéramos integrar nuestro cuerpo en nuestro
yo viviríamos más completamente, ya que el cuerpo es también la vida.
Para
el mí el Tai Chi es el medio, no es la meta. El peligro es que en el
supermercado de lo alternativo está deviniendo algo que se compra, una posesión
donde uno trabaja con tal y tal maestro y conoce esta y aquella forma diferente.
Esto me parece ridículo.
El
Tai Chi tiene que ser algo sencillo, no una complicación para tener más y más
que aprender. Todos estamos hartos desde el colegio de tener que aprender tantas
tonterías, lo hermoso de este lenguaje del Tai chi es que nos permite deshacer
y desaprender. Cosas como la violencia, la rabia, la impaciencia, las angustias
que están en el cuerpo, cosas que no hemos podido afrontar con suficiente
honestidad. Si no enfrentamos estas cualidades negativas en el cuerpo quedamos
viviendo como una vida separada. Por un lado creemos en la bondad, queremos
vivir bien pero, por otro, el cuerpo no nos lo permite, porque el cuerpo es el
paciente. El cuerpo está rabioso, está bloqueado, ya no sabe como respirar. Se
trata de volver a sensibilizarlo para volver a respirar, de recuperar el cariño
en el cuerpo.
ARJUNA:
Hay mucha gente que se extraña de que el Taichi tenga una base marcial ya que
consideran que la vía espiritual tiene que estar lejos de cualquier tipo de
violencia.
TEW:
Aparte del significado habitual de la palabra marcial, para mí entraña
realmente vivir como guerrero. Y creo que en un momento dado si queremos vivir
bien, con cariño en nuestra vida, tenemos que afrontar la violencia en nosotros
mismos. Hay muchas maneras de hacerlo, con terapia, por ejemplo. El arte marcial
es un camino de enfrentar el patrón de miedo y violencia que tenemos casi todos.
Cuando evitamos esto, cuando no queremos tratar con este patrón, vemos que no
desaparece con ideas y queda de una manera subliminal dentro de nosotros. Por
eso vemos históricamente en nuestras culturas cómo hombres y mujeres que creen
en una religión y en dogmas muy altos son capaces de matar por su dios, por una
idea. Y eso es una contradicción que me choca. A veces en una misma religión
se da la hostilidad entre sus diferentes sectas.
Es
que la violencia está dentro. En cambio, si estamos dentro de un arte marcial
de verdad, como cuando trabajamos este aspecto en nuestros encuentros, vamos
enfrentando esas pasiones fuertes en una situación más o menos segura, sin
riesgo. Nos ofrece una situación donde podemos investigar los patrones de
violencia que tenemos dentro. Muchas líneas de Tai Chi no entran en este nivel
marcial pero nosotros creemos que es fundamental. No luchamos para ser buenos
luchadores, ni para ganar al otro, sino para entender lo que está dentro de
nosotros sin hacer daño. Utilizando el lenguaje del Tai Chi con habilidad
empezamos a entender nuestro patrón de agresividad y miedo y se puede deshacer.
Por eso no hay contradicción entre arte marcial y camino espiritual. El uno es
una buena base para desarrollar el otro. Con este entrenamiento tú puedes darte
cuenta dónde están tus miedos y bloqueos, cuándo proyectas en el otro el
poder, de qué tienes miedo en cualquier situación, etc.
ARJUNA:
Siguiendo con la pregunta, ¿cómo ves el hacer combate en Tai chi para las
mujeres, a las que culturalmente se les ha negado su expresión de fuerza y
defensa?, ¿puede ser una alternativa?
TEW:
Puede ser una alternativa revolucionaria. He visto muchos cambios en mujeres que
vienen a los cursos. Mujeres que tienen miedo, atrapadas en su imagen de mujer,
que no pueden hacer esto o aquello, que no pueden expresarse. Sin embargo he
visto a mujeres dar patadas como elefantes, con la alegría de poder expresarse
libremente sin inhibiciones. Aunque el lenguaje marcial es disciplinado,
sutilmente te permite expresar cosas que quizás desde niño no has expresado.
Veo la lucha no como competición sino como juego. Hemos perdido el juego de
caer, dar patadas y golpes con humor. Y este aspecto de juego es muy importante,
volver a jugar con nuestro cuerpo. Integrar el cuerpo, celebrar que tenemos un
cuerpo, simplemente el hecho de mover los brazos conscientemente. Esto nos
permite vivir de una forma más ligada a la naturaleza, no como idea sino como
energía.
ROSER:
¿Qué relación podemos encontrar entre el Tai chi y la psicoterapia ya que
hablas de patrones que hemos de cambiar, y también el trabajo con las
emociones?.
TEW:
Es terapia oriental de alguna manera, sin análisis pero yendo directamente al
cuerpo. El Tai Chi, que mucha gente asocia con movimientos suaves, requiere
nuestro trabajo para llegar a la suavidad auténtica, a movimientos
verdaderamente silenciosos, que no esconden ruidos, que no reprimen tensiones, y
eso se ve en muchas personas. Se trata de deshacer el ruido, las tensiones y, en
ese sentido, es muy parecido a la Gestalt. Has de mirar tu cuerpo y tu presencia
desde todos los ángulos, desde el interior de ti mismo. Nuestro cuerpo es
nuestra historia en las posturas, en la manera de hacer cosas. Cuando entramos
en la vida interior del cuerpo vamos a encontrar los daños que hemos recibido,
los traumas que hemos sufrido. Pero a diferencia de las terapias occidentales,
nosotros no intentamos analizar. Entender el por qué no nos interesa mucho. Lo
que más nos interesa en este nivel terapéutico es cómo transformar cada
momento y mantener tu conciencia. Éste es el punto clave, esto es saber lo que
pasa dentro de ti, y esto es lo que transforma.
ARJUNA:
En esta transformación la disciplina es muy importante, ¿cómo entiendes tú
la disciplina espiritual?.
TEW:
No como alguien conformándose a otro o a reglas impuestas desde afuera.
Entiendo la disciplina como el aprender quién soy. Debe nacer de la curiosidad
de nosotros mismos. No es algo que se pueda imponer desde fuera. La disciplina
que se propone desde fuera no tiene para mí mucho interés. Porque a veces ésta
sirve para complacer a una figura de padre que está ahí.
Creo
que en ciertos momentos de la vida, tal vez debido al sufrimiento, uno se
pregunta quién soy. No es una pregunta de alta filosofía pues los niños se
preguntan también quién soy, quién eres tú. Es muy inocente, muy primal.
Pero cuando nace esta pregunta encontramos que no hay apoyo, que nadie sabe, o
si sabe es a través de una vieja contestación que no tiene vibración. Creo
que en varios caminos espirituales Yoga, Tai Chi, etc, hay la posibilidad de
continuar con esta curiosidad. Pero para continuar requerimos algo claro y
definido y esto es la disciplina. Si quieres seguir por este camino puedes
encontrarte a veces en situaciones de desafío. Por ejemplo una posición inmóvil
justamente para saber cómo es de parar de correr. Si no te pones en esta
disciplina de sentarte en un cojín, no vas a saber realmente, sólo
intelectualmente qué es pararte. La meditación también nace de la curiosidad
de saber qué es el silencio, qué sucede cuando paro de hacer cosas, qué pasa
con mi respiración, en mi cuerpo, en mi mente, qué pasa en mi corazón. No es
"tengo que hacer la meditación para ir, por ejemplo, al 'cielo' o algo así".
Y esta curiosidad es algo que intento transmitir a mis alumnos. La disciplina
externa es algo que se rechaza pero simultáneamente uno quiere conformarse a
ella para complacer a alguien. En general, la mayoría la rechazamos porque nos
recuerda la escuela. Por eso tenemos que cambiar todo y buscar la disciplina que
viene de nosotros, de dentro. No tendremos contradicciones, nuestra práctica la
sentimos vibrante, es un gozo porque no la sentimos como trabajo, desde la
voluntad. En cambio la sentimos como la alegría, no adulando al ego pero
gozando de la vida, de la magia, de la poesía.
ROSER:
¿Qué papel tiene el sufrimiento entonces?
TEW:
Yo me he criado dentro del budismo, de sus enseñanzas. La base es que la vida
es sufrimiento. Esta capa de realidad en donde nos encontramos se llama duhka.
Es la primera verdad noble: aceptar que hay sufrimiento, que tenemos un cuerpo,
que vamos a envejecer y a morir –y no es pesimismo, es nuestro punto de
referencia para saber de dónde partimos y adónde llegamos–. Sabemos que
estamos en este nivel de sufrimiento. Por eso celebramos los momentos de ternura
y de cariño, de hermosura, amistad y amor como momentos sagrados. Otra
consecuencia de todo esto es que, ya que estamos en duhka, no hay por qué
sufrir más. No hay por qué apegarse a cosas que nos hacen sufrir. Hemos de
cortar el sufrimiento que no es necesario.
ARJUNA:
A veces hay una idea fija al realizar la forma precisa del Tai Chi. Si embargo,
tú nos has enseñado que si no hay escucha interna, en realidad no hay
verdadera forma. El taoísmo es el arte de los cambios donde debemos adaptarnos
a nuestro momento. ¿Cómo ves tú esta escucha interna dentro de la forma del
Tai Chi?.
TEW:
Es la parte más difícil. Cómo desarrollar la cualidad de tu conciencia para
captar los momentos de cambio. Aceptamos que toda la vida es cambio, en un flujo
permanente. No hay nada fijo, parece fijo pero ni siquiera las ideas o las cosas
lo son. Es la verdad de las estaciones, hay muerte, renacimiento. Lo que hay es
una ilusión de permanencia.
Lo
que intentamos es armonizarnos en el flujo. Hay yin y hay yang, hay noche y día,
sombra y luz, tierra y cielo, masculino y femenino. Aunque obvio
intelectualmente, vivirlo es otra cosa. Hay momentos de cambio en cada situación,
en cada movimiento. Eso es lo que el Tai Chi nos enseña. Dentro de la forma que
hacemos en Tai Chi, por ejemplo, cuando un gesto o movimiento ya está lleno, si
vamos un poco más allá ya es demasiado, hemos desbordado algo, nos hemos
alejado de nuestro centro; pero un poco antes, todavía no está lleno. Es como
la música donde buscamos la buena nota, con la ley de armonía.
Cuando
entendemos estos momentos de cambio del lleno al vacío, del yang al yin
entonces estamos en la forma. Y esto lo podemos llevar a diferentes situaciones
en la vida, en el intercambio con otros si hemos aprendido a escuchar, a recibir,
a dar. Entonces tenemos más capacidad de dar espacio a alguien cuando está
expresando algo que requiere nuestra atención, nuestra receptividad. Para salir
de aquella rutina en la que uno habla y el otro no escucha. Las guerras se hacen
así. Es importante recibir cuando es el momento de recibir y dar en su momento.
Entrevista
realizada por Roser Blanco y Arjuna Peragón |
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